27.5.12

dieciséis toneladas

cuando iba a misa con mi católico novio, íbamos los domingos a la misma iglesia que alberto vázquez: true story: alberto vázquez, man of faith.

a la hora de la comunión, en vez de tener un coro o una muy afinada señora que canta desde el fondo de sus entrañas que en la arena ha dejado su barca, en la iglesia de agustinos recoquetos en tecamachalco sonaba un disco de canciones que alberto vázquez cantaba.

lo peor no era estar arrodillado frente al cristo esperando que empezara sixteen tons, sino percatarse, al paso de los años y con ayuda de renato, de que alberto vázquez, luminaria empolvada, habia hecho de la eucaristía un show suyo: la transubstanciación, featuring alberto vázquez. el hijo de dios, mano a mano con alberto vázquez. el misterio de la fé universal, con alberto vázquez.


ese cabrón es mi héroe.

por cierto, alberto vázquez tiene un artículo en wikipedia sorprendentemente exhaustivo. 

22.5.12

de cuando extrañaba



lo extraño porque madrid estuvo lleno de él. lleno de su alma y de sus recuerdos. 

en el elevador, estaba él. en las calles del barrio de sabina, su voz de madrugada de miércoles y mariguana cantando los pájaros de portugal. en los ceseos. en las tabernas y en las miradas fijas a las niñas guapas. en las barbas mal crecidas de los espanish. 

1.5.12

la culpa la tiene cristopher céspedes

cuando yo era niña e iba al kinder como van los niños, era yo tan solitaria que hacía manualidades.

fabricaba yo una serie de cadáveres exquisitos con rollos de papel de baño, botellas de coca-cola, calcetines viejos y bolas de unisel, que más que artísticos eran francamente aterradores.

esperando por semanas (y las semanas de una niña de cuatro años sin qué hacer duran eternidades) a que se acabara el rollo de servitoallas de la cocina, una mañana mi mamá me entregó, por fin, el largo tubo de cartón. mi nuevo lienzo en blanco para hacer alguna mamada inservible y horrenda cubierta de papel crepé, diamantina, azúcar coloreada con pintura vinci y otras atrocidades que encuentra uno en un salón de jardín de niños. las posibilidades eran infinitas.

cuando llegué a mi jardín querido, como dice la canción, cristopher céspedes, aprovechándose de mi ya bien desarrollada torpeza y reflejos de gato con obesidad mórbida, me arrancó el tubo de las manos.

y me pegó con él.

hasta que se rompió.

hace poco, no sé si por masoquismo o por sana curiosidad, busqué a cristopher céspedes en facebook. ahora es personal trainer en un gimnasio.

no sé si gané.