22.5.12

de cuando extrañaba



lo extraño porque madrid estuvo lleno de él. lleno de su alma y de sus recuerdos. 

en el elevador, estaba él. en las calles del barrio de sabina, su voz de madrugada de miércoles y mariguana cantando los pájaros de portugal. en los ceseos. en las tabernas y en las miradas fijas a las niñas guapas. en las barbas mal crecidas de los espanish. 

1.5.12

la culpa la tiene cristopher céspedes

cuando yo era niña e iba al kinder como van los niños, era yo tan solitaria que hacía manualidades.

fabricaba yo una serie de cadáveres exquisitos con rollos de papel de baño, botellas de coca-cola, calcetines viejos y bolas de unisel, que más que artísticos eran francamente aterradores.

esperando por semanas (y las semanas de una niña de cuatro años sin qué hacer duran eternidades) a que se acabara el rollo de servitoallas de la cocina, una mañana mi mamá me entregó, por fin, el largo tubo de cartón. mi nuevo lienzo en blanco para hacer alguna mamada inservible y horrenda cubierta de papel crepé, diamantina, azúcar coloreada con pintura vinci y otras atrocidades que encuentra uno en un salón de jardín de niños. las posibilidades eran infinitas.

cuando llegué a mi jardín querido, como dice la canción, cristopher céspedes, aprovechándose de mi ya bien desarrollada torpeza y reflejos de gato con obesidad mórbida, me arrancó el tubo de las manos.

y me pegó con él.

hasta que se rompió.

hace poco, no sé si por masoquismo o por sana curiosidad, busqué a cristopher céspedes en facebook. ahora es personal trainer en un gimnasio.

no sé si gané.