Mostrando entradas con la etiqueta la infancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta la infancia. Mostrar todas las entradas

13.6.10

jugar

...


de niña me gustaba jugar porque podía jugar a ser alguien más. era un personaje, y mis acciones, palabras y movimientos por un rato no eran míos, sino de la maestra, la dueña de la tienda, la mamá, la doctora, la mesera del restorán, la bruja, la princesa.

hoy he vuelto a jugar, después de más de diez años de no entrar en carácter y sentirme otra.




para dania, manuel y nuestro narrador günther. los fines de semana sin masquerade no son lo mismo.

25.5.09

el toreo

...

cada vez que trato de acordarme de mis ratos de infancia pasados en el coche, me acuerdo de un shadow rojo que tuvo mi mamá por allá de los principios de los noventa. en ese entonces, no era ilegal que una anduviera sin cinturón y brincando de asiento a asiento. yo vivía en mi feliz casa en arboledas y pisaba el df muy de vez en cuando.

solo puedo asociar mis idas a la ahora llamada “ciudad de la esperanza” con tres escenarios: comida en casa de mi tía paty en polanco, castings para comerciales (sí, fui child star alguna vez) e ir a pagar al palacio de durango (sobre el palacio de hierro de durango y la escalera del estacionamiento escribiré después). odiaba el tráfico tanto como ahora. escuchábamos radio red todo el camino y yo generalmente y como ahora, me moría de hambre todo el tiempo.

pero cuando veía a lo lejos as lucecitas del toreo de 4 caminos podía pensar con alivio “ya llegamos” y me daba una sensacioncita de tranquilidad y anticipación de llegar a mi casa, a jugar con mi gato, a cenar en el antecomedor de sillas de metal y bejuco. a encontrar a mis hermanas hablando por teléfono o haciendo tarea.

por eso extraño ver el toreo a la mitad del periférico. no servía de nada, pero era como un faro que me anunciaba en la infancia que ya casi estaba en casa. que ya estaba cerca. que ya se acababa el martirio del tráfico.

...

14.10.08

de la peli de la calaca

...


tenía seis años y en los cines de valle dorado, en el norte de la ciudad de méxico, sólo habían 4 salas. iba de la mano de mi mamá, seguro un viernes en la tarde, después de la escuela. mi mamá me llevaba al cine: íbamos sólo ella y yo, resultado de mi incapacidad de forjar amistades que se hacía notar desde mis años de primaria.

vi el cartel y me quedé pasmada. no sabía de qué se trataba. no tenía idea de quién era tim burton y en aquel entonces, no aparecía el sello de disney. pero esa colina enroscada y las calabazas me tenían hipnotizada. mi madre me prohibió verla. sabía que todo me daba miedo y el esqueleto que aparecía de protagonista le resultaba sospechoso.

muchas veces regresé al cine de valle dorado después de ver el cartel la primera vez. todas ellas me paraba enfrente de él, como si buscara encontrar algo diferente, algo que me hubiera perdido la vez anterior.

estuvo colgado en esa pared muchos meses sin aparecer en la cartelera. me había aprendido el nombre, la anatomía de los personajes, de los que no me sabía el nombre y me había imaginado el mundo en el que vivían.

apareció al fin en la marquesina y llevé con engaños a mi madre a verla. la traducción del nombre ayudó: nunca me habría dejado ver una película con la palabra “pesadilla” en ella. suficientes terrores nocturnos tuve durante mi infancia como para alimentarlos.

estoy segura que no parpadee. las pasitas “escalona” que tenía en la mano se quedaron intactas al final de la película. quince años después, me sigue enchinando la piel escuchar “ ‘t was a long time ago…longer now than it seems…in a place that perhaps you’ve seen in your dreams”

...